No codiciarás los bienes ajenos



En nuestra sociedad muchas personas solo viven por querer tener y acumular riquezas, pero cuando esa ambición pasa los límites de la propia capacidad para adquirir bienes y se realiza de manera inapropiada, se está violando cada uno de los mandamientos de Dios.

La palabra codicia se refiere al  deseo desordenado por tener cosas, y entra dentro del pecado capital de la avaricia y la concupiscencia de bienes materiales, en cuanto al deseo desmedido de obtener tesoros.

La codicia presupone querer cosas  en momentos, razones y cantidades erróneas, que finalmente conducen al acto de quitar lo que le pertenece a otros; por ello Jesucristo en el mandamiento de no codiciarás los bienes ajenos, sanciona este pensamiento.

En este sentido, la codicia induce a cometer adulterio, a robar e incluso a veces hasta matar, porque la persona en su deseo de concupiscencia, hará lo que este a su alcance para arrebatarle la pareja a su prójimo o algún bien material.

Absolutamente todo lo que le pertenece a otros, deberás de considerarlo sagrado, puesto que tu único propósito será que poseerás a Dios en el corazón, amarás al prójimo, y no codiciarás los bienes ajenos.

¿Cómo podemos vivir el mandato de no codiciarás los bienes ajenos?

El mandato de no codiciarás los bienes ajenos, considera que el hombre debe tener su corazón libre de todo aquello que lo ata para amar a Dios con plenitud.

Practicando la virtud de la liberalidad se regula el amor por los bienes materiales, y se da conformidad  tanto con lo que Dios nos ha brindado, como con aquellos que honradamente podamos adquirir.

La orden del desprendimiento de las riquezas es obligatoria para entrar en el reino de los cielos, por eso, el tesoro más preciado se encuentra en el corazón que ha de ser entregado a Dios.