No darás falsos testimonios



Muchas veces creemos que con sólo no robar o matar estamos cumpliendo los mandamientos de Jesucristo, pero desafortunadamente hoy en día la mentira se ha institucionalizado, todo el mundo de una u otra forma la usa.

La mentira implica falsear la verdad, mediante palabras o acciones, en las relaciones con el prójimo; cuando mentimos vamos en contra del mandato de no darás falsos testimonios, que es la esencia de Dios.

El hombre siempre ha buscado naturalmente la verdad, por ello está obligado a honrarla y a atestiguarla, tal como hizo Jesucristo cuando vino a este mundo.

Los pecados que implican quebrantar el mandamiento de no darás falsos testimonios, son:

  • El perjurio: afirmar algo contrario a la verdad, públicamente o bajo un juramento.
  • El juicio temerario: violar la reputación moral de otros sin tener fundamentos para ello.
  • La maledicencia: decir sin razón objetiva los defectos morales del prójimo a quienes lo desconocían.
  • La calumnia: manifestar palabras contrarias a la verdad que dañan la reputación de los demás, dando ocasión a juicios falsos con respecto a esa persona.
  • La vanagloria: mentir por orgullo con la finalidad de conseguir la estima del resto.
  • La adulación: apoyar los malos actos de otras personas con halagos.
  • La ironía: caricaturizar o ridiculizar algún defecto de alguien de manera exagerada y malévola.
  • La traición: revelar los secretos que nos confían.
  • El chisme: contar a una persona las cosas malas que dicen de ella.

¿Cómo podemos sanar el pecado de dar falsos testimonios?

 Antes que nada todos merecemos el respeto a la reputación y al honor sin ser manchados, y cuando faltas a ello, debes repararlo retribuyéndole el prestigio a aquella persona que has degradado, reconociendo ante Dios que no darás falsos testimonios.

La virtud de la reparación sana las heridas y logra que se perdone el pecado.